Trump asegura que el gobierno de Cuba «no va a durar mucho más» y fija un plazo de dos años y medio
Donald Trump afirmó que el gobierno cubano «no va a durar mucho más», lo calificó de «país fallido» y estimó cambios en un plazo de dos años y medio, vinculando la estrategia con la aplicada en Venezuela.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner a Cuba en el centro de su agenda con un pronóstico contundente: el sistema que gobierna la isla tiene los días contados. Durante un acto en Florida, al ser preguntado por la probabilidad de que la familia Castro siga en el poder durante los dos años que le restan de mandato, respondió que el Gobierno cubano «no va a durar mucho más» y calificó al país de «Estado fallido».
Lo que dijo Trump
El mandatario estimó que habrá resultados visibles en Cuba en un plazo de dos años y medio, «o incluso antes», y aseguró que su Gobierno sigue la situación de la isla «muy de cerca». También dijo que buscará que los cubanos puedan regresar pronto a su país. Sus declaraciones fueron difundidas en un video que medios locales publicaron el sábado.
Trump atribuyó parte del seguimiento al secretario de Estado, Marco Rubio, quien, según explicó, vigila el asunto por sus raíces familiares cubanas. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha sido durante años una de las voces más duras en Washington contra el régimen de La Habana.
La conexión con Venezuela
Lo más llamativo de su intervención fue el vínculo que trazó con Venezuela. Trump sugirió que su Gobierno podría ocuparse de un caso detrás de otro: «Vamos a terminar con uno y luego tal vez le echemos un vistazo al otro», dijo, en alusión a que la política aplicada en Caracas podría servir de modelo para La Habana.
La relación entre ambos países ha sido central en la política regional. Washington puso fin al envío de petróleo venezolano a Cuba y advirtió a La Habana, como recogimos en Trump anuncia el fin del envío de petróleo venezolano a Cuba. Más adelante, el presidente confirmó que existían contactos con las autoridades cubanas en medio de nuevas sanciones, según informamos en Trump confirma negociaciones con el régimen cubano. Y el giro en la relación con Caracas quedó sellado con el encuentro histórico entre Trump y Delcy Rodríguez en Nueva York.
Una isla bajo presión
Las palabras de Trump llegan en un momento de especial fragilidad para Cuba. La pérdida del petróleo venezolano, la escasez de combustible y las sanciones han profundizado los apagones y el deterioro económico. A ello se suma el desgaste diplomático: el embargo estadounidense volvió a votarse en la ONU y fue aprobada la resolución de condena con solo 130 votos, el peor resultado para La Habana en décadas, como detallamos en Embargo a Cuba en la ONU: la resolución se aprueba con solo 130 votos.
Aun así, el Gobierno cubano ha resistido otras predicciones similares a lo largo de seis décadas. Cada administración estadounidense, desde la de Kennedy, ha anunciado de una forma u otra que el fin del sistema estaba cerca, y la isla ha sobrevivido a la caída de la Unión Soviética, al «período especial» de los años noventa y a sucesivos endurecimientos de las sanciones. Por eso, muchos analistas toman con cautela los plazos fijados por el mandatario.
Qué puede significar en la práctica
Las declaraciones pueden leerse en varios planos. En el político interno, refuerzan el mensaje hacia el electorado cubanoamericano de Florida, un grupo clave en la recta final de la campaña de las legislativas del 3 de noviembre. Trump habló precisamente en ese estado, donde se concentra buena parte del voto de origen cubano y venezolano.
En el plano diplomático, el mensaje busca ejercer presión sobre La Habana y enviar una señal a sus aliados. Y en el estratégico, apunta a una política regional en la que Venezuela y Cuba se tratan como piezas conectadas: si el cambio avanza en una, podría acelerarse en la otra.
Reacciones y dudas
Hasta el momento, el Gobierno cubano no había respondido de manera formal a las palabras de Trump. En ocasiones anteriores, La Habana ha rechazado las declaraciones de Washington como injerencia y ha defendido su soberanía. Quedan además muchas preguntas sin responder: no está claro qué mecanismos concretos emplearía Estados Unidos para producir los cambios que anuncia, ni si el plazo de dos años y medio se refiere a una transición política, a una apertura económica o a la salida de la actual dirigencia.
Lo que sí parece evidente es que Cuba seguirá ocupando un lugar destacado en la agenda de la Casa Blanca durante los próximos meses. Los movimientos de Washington en Caracas, las negociaciones sobre energía y las decisiones sobre sanciones marcarán el ritmo de una relación que, a juzgar por las palabras del presidente, entra en una etapa de mayor presión. Seguiremos informando sobre cualquier reacción de La Habana y sobre los pasos que dé la administración estadounidense.

