El pan es uno de los alimentos más consumidos en el mundo, pero también uno de los que más dudas genera en relación con la salud y la nutrición. Muchas personas optan por congelarlo en casa para evitar desperdicios y tener siempre una reserva disponible, pero lo que pocos saben es que este hábito cotidiano puede tener un beneficio inesperado: ayudar a controlar los niveles de glucosa en sangre.
De acuerdo con especialistas en microbiota, cuando se congela el pan y posteriormente se calienta en sartén o tostadora, parte de su almidón se transforma en lo que se conoce como almidón resistente, un tipo de carbohidrato que actúa de manera similar a la fibra prebiótica.
¿Qué es el almidón resistente y por qué es beneficioso?
El almidón presente en el pan, la pasta o el arroz se digiere normalmente en el intestino delgado, elevando los niveles de glucosa en sangre. Sin embargo, cuando ese almidón se convierte en almidón resistente, no se digiere en esa etapa, sino que llega hasta el colon, donde es fermentado por la microbiota intestinal.
Ese proceso genera ácidos grasos de cadena corta como el butirato, el propionato y el acetato, sustancias con múltiples efectos positivos para la salud:
-
Reducen la inflamación y la neuroinflamación.
-
Regulan el sistema inmune.
-
Disminuyen la permeabilidad intestinal.
-
Mejoran la salud metabólica y ayudan a estabilizar la glucosa en sangre.
La doctora Sara Marín, experta en microbiota, lo resume de forma sencilla:
“Si congelas el pan y luego lo calientas, gran parte del carbohidrato se convierte en fibra prebiótica, que reduce tu pico de glucosa y se digiere mejor, produciendo menos inflamación y gases. Además, alimenta a tu microbiota, que produce butirato, una sustancia imprescindible para el buen funcionamiento del organismo”.
Consejos prácticos para aprovechar este beneficio
-
Rebana el pan antes de congelarlo: así podrás descongelar únicamente la cantidad que necesites.
-
Opta por panes integrales y de masa madre: contienen más fibra y nutrientes, lo que potencia la formación de almidón resistente.
-
Calienta sin exceso: lo ideal es usar tostadora o sartén a temperatura moderada, evitando quemar el pan.
-
Aplica el mismo truco a la pasta y el arroz: al enfriarlos o congelarlos y luego recalentarlos, también aumentan su contenido de almidón resistente.
No todo el pan es igual
Aunque el efecto se observa en todo tipo de pan, los panes integrales, artesanales y de masa madre son los que muestran un mayor aumento en la concentración de almidón resistente tras el proceso de congelación y calentamiento. Esto los convierte en una opción más saludable frente a los panes industriales ultraprocesados.
Congelar el pan no solo es una estrategia práctica para evitar desperdicios y tener siempre alimento disponible, sino también un truco sencillo para cuidar tu metabolismo y tu salud intestinal. Pequeños cambios en la manera en la que consumimos los alimentos pueden marcar una gran diferencia en el bienestar a largo plazo.