Canasta alimentaria en Venezuela supera los 700 dólares y evidencia el colapso del salario mínimo
Cendas-FVM advierte que se requieren más de 2.400 salarios mínimos para cubrir la alimentación básica de una familia

El costo de la canasta alimentaria en Venezuela continúa en ascenso y se consolida como uno de los principales indicadores de la crisis económica que atraviesa el país. De acuerdo con el más reciente informe del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), el valor de la cesta básica correspondiente a marzo de 2026 se ubicó en 692,32 dólares, equivalentes a 308.084,33 bolívares.
La cifra representa un incremento mensual del 7,2 % en dólares en comparación con febrero, cuando el costo se situó en torno a los 645 dólares. Sin embargo, el impacto es aún más pronunciado en moneda local, donde la variación mensual alcanzó el 22,3 %, reflejando la constante devaluación del bolívar frente a la divisa estadounidense.
Inflación persistente y pérdida del poder adquisitivo
El informe también revela que la variación anual de la canasta alimentaria fue de 31,4 % en dólares y un alarmante 735,4 % en bolívares. A esto se suma una variación acumulada de 64,65 % en moneda nacional, lo que evidencia la presión inflacionaria sostenida sobre los precios de los alimentos.
En este contexto, el poder adquisitivo del salario mínimo continúa deteriorándose de forma acelerada. Según el Cendas-FVM, actualmente cubre apenas el 0,04 % del costo total de la canasta, una cifra que describe lo que la organización denomina como una “pulverización absoluta” del ingreso básico legal.
Una brecha insostenible
La magnitud de la crisis se hace más evidente al analizar la relación entre ingresos y gastos. Para cubrir el costo mensual de la canasta alimentaria, una familia promedio de cinco personas necesitaría más de 2.400 salarios mínimos.
Esto se traduce en un gasto diario de aproximadamente 1.229,27 bolívares o 17,56 dólares, cifras completamente fuera del alcance de la mayoría de los trabajadores venezolanos.
La brecha entre el ingreso real y el costo de la vida se ha convertido en uno de los principales factores que impulsan la precarización de las condiciones sociales y el aumento de la informalidad laboral.
El agua entra en la ecuación
Como parte de un ajuste metodológico que refleja mejor la realidad del país, el Cendas-FVM incorporó el costo del agua potable como un rubro crítico dentro del cálculo de la canasta.
Este gasto adicional, estimado en 10,79 dólares mensuales, eleva el costo total a 703,11 dólares, superando así el umbral de los 700 dólares por primera vez en los últimos meses.
La inclusión del agua responde a la creciente dificultad de acceso a este servicio básico, que en muchas zonas del país debe ser adquirido a través de camiones cisterna o proveedores privados.
Una economía bajo presión
El comportamiento de la canasta alimentaria refleja las tensiones estructurales de la economía venezolana, marcada por alta inflación, bajos salarios y una limitada capacidad de producción interna.
A pesar de ciertos intentos de estabilización macroeconómica, los indicadores sociales siguen mostrando un deterioro sostenido, especialmente en lo que respecta al acceso a alimentos y servicios básicos.
Impacto en la vida cotidiana
Más allá de las cifras, el aumento del costo de la canasta tiene consecuencias directas en la vida de millones de venezolanos. La imposibilidad de cubrir necesidades básicas obliga a muchas familias a reducir la calidad y cantidad de los alimentos que consumen, o a depender de remesas y ayudas externas.
Esta situación también impacta en sectores vulnerables como niños, adultos mayores y trabajadores informales, quienes enfrentan mayores dificultades para sostener una alimentación adecuada.
Un desafío pendiente
El informe del Cendas-FVM pone nuevamente en evidencia la urgencia de políticas económicas que permitan recuperar el poder adquisitivo de la población y estabilizar los precios.
Mientras tanto, la canasta alimentaria continúa siendo un termómetro claro de la realidad económica del país, mostrando una brecha cada vez más amplia entre el ingreso y el costo de vida.
En un escenario donde el salario mínimo ha perdido su función como referencia económica, el desafío no solo es contener la inflación, sino reconstruir un sistema que garantice condiciones mínimas de bienestar para la población.




