EE.UU. aprueba la primera “Tarjeta Dorada Trump”: visa de hasta $5 millones que abre paso a residencia

El programa migratorio dirigido a inversionistas arranca con un solo beneficiado y cientos de solicitudes en espera por sus estrictos requisitos

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Estados Unidos dio este jueves un paso clave en su nueva política migratoria dirigida a grandes inversionistas. La administración del presidente Donald Trump confirmó la aprobación del primer solicitante de la llamada “Tarjeta Dorada Trump”, un programa que promete beneficios similares a la residencia permanente a cambio de una elevada inversión económica.

El anuncio fue realizado por el secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien detalló que, a pesar de haber sido lanzado oficialmente en diciembre de 2025, solo una persona ha logrado completar con éxito todo el proceso. La razón principal: el alto costo de acceso y los rigurosos filtros de seguridad implementados por el gobierno.

“Han aprobado recientemente a una persona, y hay cientos en lista de espera”, afirmó Lutnick, destacando que el sistema de verificación aplicado a los solicitantes es “el más riguroso en la historia del gobierno de Estados Unidos”.

Aunque se confirmó la aprobación, las autoridades decidieron no revelar la identidad del primer beneficiado, alegando motivos de privacidad y seguridad.

Un programa exclusivo para grandes fortunas

La denominada “Tarjeta Dorada Trump” forma parte de una estrategia orientada a atraer capital extranjero mediante incentivos migratorios. A diferencia de otros programas tradicionales, este esquema está claramente dirigido a individuos con alto poder adquisitivo o empresas interesadas en movilizar talento internacional.

Durante su comparecencia ante un subcomité de la Cámara de Representantes, Lutnick explicó que el programa contempla tres modalidades principales, cada una con distintos niveles de inversión y beneficios.

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La opción básica —dirigida a solicitantes individuales— requiere un pago de un millón de dólares. Esta modalidad ofrece acceso a privilegios comparables a los de una residencia permanente, aunque el gobierno no ha detallado todos los derechos específicos que incluye.

Por otro lado, la versión corporativa eleva la inversión a dos millones de dólares. Esta alternativa está diseñada para empresas que buscan retener o trasladar talento extranjero clave dentro de sus operaciones en territorio estadounidense.

Ambas categorías incluyen además una tarifa administrativa no reembolsable de 15.000 dólares, lo que incrementa aún más la barrera de entrada.

Sin embargo, el componente más llamativo del programa es su versión “premium”, conocida como la platinum card, cuyo costo asciende a cinco millones de dólares. Esta categoría promete beneficios adicionales frente a las opciones estándar, aunque hasta el momento el gobierno no ha especificado públicamente cuáles son esas ventajas diferenciadoras.

Un modelo que ya existe en otros países

Aunque la propuesta ha generado atención mediática por su enfoque y costos, lo cierto es que no se trata de una iniciativa completamente nueva en el ámbito internacional.

Diversos países han implementado programas similares bajo el concepto de “visas doradas”, dirigidos a atraer inversionistas extranjeros mediante beneficios migratorios. Entre ellos destacan naciones como España, Grecia, Malta, Italia, Reino Unido, Canadá y Australia.

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En estos casos, los esquemas suelen requerir inversiones en bienes raíces, fondos de desarrollo o creación de empleo, con montos que varían según el país. La versión estadounidense, sin embargo, se posiciona como una de las más costosas y estrictas en términos de acceso.

Dudas sobre el destino de los fondos

Uno de los puntos que ha generado mayor debate es el uso que se dará a los recursos obtenidos a través de este programa. Durante la audiencia, Lutnick fue consultado directamente sobre el destino de los fondos recaudados.

Su respuesta fue breve y dejó abiertas varias interrogantes:
“Eso lo determinará el gobierno, y sus términos son para el mejoramiento de los Estados Unidos de América”.

La falta de detalles no pasó desapercibida. Legisladores como la representante demócrata Grace Meng expresaron preocupación sobre la transparencia del proceso, especialmente en lo que respecta al manejo del dinero y a la posibilidad de que el programa funcione como una vía indirecta hacia la ciudadanía.

Un proceso altamente selectivo

Más allá del aspecto económico, el programa también destaca por su nivel de exigencia en materia de seguridad. Según el propio Departamento de Comercio, los solicitantes deben pasar por verificaciones exhaustivas de antecedentes, incluyendo análisis financieros, legales y de procedencia de fondos.

Este enfoque busca evitar riesgos asociados al lavado de dinero, financiamiento ilícito o vínculos con actividades criminales, un factor que ha sido clave para explicar el bajo número de aprobaciones hasta ahora.

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El hecho de que solo una persona haya logrado completar el proceso en varios meses evidencia el nivel de complejidad del sistema, así como el perfil altamente selectivo de los candidatos.

Un experimento migratorio en evolución

La “Tarjeta Dorada Trump” representa un cambio significativo en la política migratoria estadounidense, al introducir un modelo más cercano al de inversión directa como vía de acceso a beneficios de residencia.

Mientras el gobierno defiende la iniciativa como una herramienta para atraer capital y talento, sus críticos advierten sobre los riesgos de convertir el acceso migratorio en un privilegio basado exclusivamente en la capacidad económica.

Por ahora, el programa avanza lentamente, con una larga lista de aspirantes en espera y múltiples interrogantes aún sin resolver.

Lo que sí parece claro es que Estados Unidos está probando una nueva fórmula —una donde la inversión se convierte en llave de entrada— en un momento donde la competencia global por atraer capital extranjero es más intensa que nunca.

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