¿Beber agua antes de dormir es bueno o malo? Esto dicen los expertos sobre sus efectos en la salud
La hidratación nocturna puede aportar beneficios al organismo, pero el exceso de líquidos antes de acostarse podría afectar la calidad del sueño

Beber agua antes de dormir es una práctica habitual que genera dudas sobre su impacto real en la salud. De acuerdo con organismos como la Clínica Mayo y la Organización Mundial de la Salud, mantener una adecuada hidratación es fundamental para el funcionamiento del organismo, incluso durante la noche. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el beneficio depende directamente de la cantidad ingerida.
Consumir pequeñas cantidades de agua antes de acostarse puede ayudar a mantener el equilibrio hídrico del cuerpo, favorecer la digestión y contribuir a la regulación de la temperatura corporal. Además, investigaciones citadas por la Escuela de Salud Pública de Harvard señalan que una hidratación adecuada también puede reducir la sensación de hambre nocturna y mejorar funciones cognitivas al día siguiente.
Diversos estudios publicados en la revista The Lancet indican que el consumo regular de agua está vinculado con un mejor bienestar general, tanto físico como mental. Incluso, mantener niveles óptimos de hidratación puede influir positivamente en el estado de ánimo y contribuir a disminuir síntomas asociados al estrés, la ansiedad o la fatiga.
No obstante, el principal riesgo de beber agua justo antes de dormir es la aparición de la nicturia, una condición que obliga a despertarse varias veces durante la madrugada para ir al baño. Según la National Sleep Foundation, este fenómeno afecta a una proporción significativa de adultos y puede deteriorar la calidad del descanso.
El problema puede intensificarse en personas que consumen cafeína o alcohol, padecen estrés, insomnio o condiciones médicas como el agrandamiento prostático. Asimismo, expertos de la Asociación Americana de Gastroenterología advierten que ingerir grandes cantidades de agua antes de acostarse podría agravar el reflujo ácido en algunos casos.
Por ello, los especialistas recomiendan moderación. La National Sleep Foundation sugiere limitar el consumo de líquidos a unos 90 mililitros justo antes de dormir y reducir la ingesta general entre dos y cuatro horas previas al descanso.
Otro aspecto clave es evitar concentrar el consumo de agua en la noche. Una gran parte de la población no alcanza la cantidad diaria recomendada durante el día, lo que lleva a compensar en horas nocturnas. Esta práctica no solo resulta ineficiente, sino que puede interferir con el sueño.
En ese sentido, los expertos coinciden en que la mejor estrategia es distribuir la hidratación a lo largo del día, asegurando un aporte constante de líquidos sin afectar el descanso nocturno.
En conclusión, beber agua antes de dormir no es perjudicial en sí mismo y puede aportar beneficios si se hace con moderación. El equilibrio entre una correcta hidratación y un sueño reparador es la clave para mantener una buena salud general.



